Historia de la guerra civil.
en Alfajarin.
Testimonios.
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Muertos "rojos".
Muertos "nacionales"
Fotos.
Casos particulares
Canciones (rojos)
ALFAJARIN
GUERRA CIVIL
1931-1939
ALFAJARIN
ADVERTENCIA: Esta
página no pretende de ninguna manera ser histórica.
Solo recoge los comentarios y testimonios que toda gente de Alfajarín
ha podido oír, en sus casas, en los campos durante el trabajo,
o en cualquier otro sitio después de la guerra. Como todos
testimonios puede haber verdades, pero también exageraciones
o inexactitudes. Por respeto a los hijos o nietos de los supuestos
verdugos, que nada tienen que ver con los hechos, no he puesto ninguno
de sus nombres o apellidos. Las iníciales empleadas no corresponden
obligatoriamente a estos nombres o apellidos.
Para los que no lo sepan,
Alfajarín está situado en la carretera de Madrid a
Barcelona a unos veinte Km. de Zaragoza. El viajante puede reconocerlo
fácilmente por su “castillo” que se yergue en
lo alto de la loma y domina toda esa parte del valle del Ebro.
En aquellos años contaba con unos 1000 habitantes. Como en
todos pueblos de Aragón, las casas estaban pegadas las unas
a las otras como si quisieran protegerse del cierzo helador en invierno
y del calor agobiante del verano.
Tenía dos calles principales. La una era la carretera nacional
de Madrid a Barcelona y la otra, paralela, se llamaba calle Mayor
hasta la plaza, y de la Portaza en la parte noroeste. Estaban cortadas
de cuando en cuando por unas calles pequeñas que los aragoneses
llamábamos "callizos". Por detrás de cada
una de ellas otras menos importantes donde daban las “puertas
falsas”. Estaban destinadas al paso de los carros, mulas,
caballos y algunos bueyes. No se les consideraba verdaderamente
como calles sino como vías de servicios. En el pueblo no
había casas que se destacaran mucho de las otras y todas
dejaban adivinar la vida humilde, cerca de la pobreza, de sus habitantes.
De cuando en cuando una fachada más ancha, más alta
y un poco mejor terminada hacía pensar que los dueños
eran "ricos". Casi todos años, los pintores las
blanqueaban con cal al acercarse las fiestas en honor de la Virgen
de la Peña el 8 de Septiembre.
Para las generaciones
de ahora, acostumbradas, sino al lujo, por lo menos a tener todas
las comodidades, sería divertido hacer una lista de todo
lo que no existía en las casas en aquellos tiempos y que
ahora nos parece más que necesario. Es mucho más sencillo
describir lo que había:
Las paredes estaban obradas con piedra de yeso que los hombres extraían
de las canteras y lo mismo sucedía con el yeso. Los suelos
eran de tierra y en la segunda planta de yeso liso, pero tan cuidados
que brillaban "como si le hubieran dado cera". La gente
ya más holgada los hacía de cemento. Las paredes,
como las fachadas estaban “lavadas” con yeso y blanqueadas
todos años. La instalación eléctrica se componía
de un contador del cual salían unos cables trenzados que
se paseaban por las paredes y los techos para distribuir la luz
en cada habitación. En la mayor parte de estas, al final,
colgaba una simple bombilla o un aparato casero. Los más
ricos ya disponían de aparatos comprados pero sencillos.
La calefacción consistía en una estufa que funcionaba
con madera, carbón y hasta con aserrín. Esta estufa
intentaba, sin conseguirlo, calentar un poco las casas. Estaba situada
más bien en la cocina o en el comedor donde hacía
un calor sofocante y en el resto de las habitaciones la temperatura
variaba muy poquito con la de fuera. La decoración estaba
constituida de unas cortinas sencillas, pero las mujeres sabían
hacer milagros y resultaban muy bonitas; los cuadros eran recortes
de calendarios de los años pasados, salvo en los “comedores”
La fuente de la plaza España en 1960
en los cuales había alguno de compra representando muchas
veces la última cena. Los muebles eran rudimentarios, los
sillones casi siempre de anea comprados a algún vendedor
ambulante. Los más lujosos eran la cama y el armario del
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