Un BUERIA santo






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Canciones nacionales









Canciones (rojos)







parte clara : rojos
obscura nacionales julio1936

Septiembre 1936
parte clara "rojos"
parte osbcura "nacionales

Septiembre 1937. Los nacionales
ganan terreno

Julio 1938. los nacionales llegan
al mar y cortan la Républica en dos partes

Cataluña cae también en febrero 1939

Marzo 1939 Franco ha pasado.

Estimado Roberto,
Como ya se lo dije en mi último mensaje, su primo formaba parte de la comunidad de Cervera y estaba en el hospital donde lo habían llevado con otros claretianos, como puede ver en la narración que copio directamente en el cementerio, donde fueron fusilados el 18 de agosto.
Saludos.
FF. Alba,

¡Todos en pie!
¡Todos de pie! A las doce de la noche del 17 al 18, tres milicianos han subido al piso donde dormían
nuestros Misioneros. Uno de ellos llamado Solé ha gritado: -Venga todos de pie. Levantaos porque os tenemos que llevar a un sanatorio-.
Se ha ayudado a vestirse a los inválidos, especialmente al padre Luis Jové al que se tuvo que llevar en una camilla. Uno de los hermanos, el más mayor, preguntó mientras andaba lentamente apoyado en su gayata: - ¿Habremos vuelto al mediodía? El asesino Solé le contestó: Sí, viejo y hasta antes.
El que le había contestado con tanto afecto era en realidad un siniestro individuo. Era miembro del Consejo Revolucionariodel hospital y un elemento muy influyente en el Comité de Cervera. Cuando se ofreció a los detenidos la ocasión de poder salir del hospital era Solé quién firmó hipócritamente dos cartas para las solicitudes; después firmó otras para los demás. Pero la respuesta llegó demasiado tarde. Prefirieron, Solé como los otros, adelantar los acontecimientos fusilando a todos los misioneros para impedir la posibilidad de una respuesta afirmativa
Sin embargo, esta noche, Solé y Enrique estaban de mal humor contra los otros miembros del Consejo de administración, porque se les había dado la orden a todos de estar presentes para la faena de sacar los enfermos y llevarlos al cementerio, pero, a pesar de haber dado su palabra, brillaban por su ausencia. Solé y Enrique se quejaban; -Todos tienen muy buenas palabras, pero al momento de actuar nos dejan solos-
Enrique era un verdadero demonio cuya tarea en Cervera consistía en ir a buscar a la gente y matarlos según el testimonio de la hermana Natividad, y la hermana Concepción Brey añade que Solé era un carnicero tan feroz como Enrique.
Bajando las escaleras.
Entre los que iban al martirio, algunos no eran ni viejos ni enfermos. El hermano Francisco Canals tenía el cargo de enfermero y, desde el principio, se negó a escapar. Este valeroso y devoto hermano misionero no quería por nada en el mundo, abandonar a sus hermanos enfermos: -Me podría escapar, pero no quiero abandonar a estos pobres enfermos.
El seminarista EVARISTO BUERIA se había refugiado en el hospital. Una de sus hermanas vino a buscarle, pero no quiso aceptar la huida: -Me quedo aquí porque deseo el martirio de una manera vehemente y extraordinaria-. Ahora Dios ponía en sus manos la palma del martirio. Lo mismo sucedió con sus compañeros José Loncán y Manuel Solé. El otro seminarista, José Ausellé, estaba en plena juventud aunque clavado en la cruz con una enfermedad larga y dolorosa.
Los sanos ayudaban a los más enfermos a bajar las escaleras: El veterano misionero de la Guinea ecuatorial, hermano José Ros, ciego hacía veinte años, y los hermanos Buenaventura Reixach y Miguel Rovira, muy mayores e inválidos.
El venerable P. Heraclio Matute se despidió de la hermana Consolación Salla dándole su crucifijo de misionero y algunas pesetas que guardaba para sus gastos personales.
El padre José-María Serrano dirigió un gesto de despedida a la hermana Concepción Brey: -Adiós, hermana, que pase buen día, y gracias por todo- Los otros hermanos también se despedían de las monjas agradeciéndoles todo lo que habían hecho por ellos. Estas miraban estupefactas y llorando esta salida a la vez triste y gloriosa.
La hermana Natividad Ruano nos cuenta que el padre Serrano, agobiado por la enfermedad de Pott, tuvo, sin embargo, la fuerza de dirigir unas palabras hablando de Dios al miliciano José Solé, probando de remover las cenizas de la fe de su infancia. Pero este le contestó furioso: -¿aun piensas en esas cosas? ¿Aun sigues creyendo en Dios?

Camino del cielo
El camión les esperaba en la puerta del hospital. Fueron subiendo penosamente. Un miliciano contó a Isabel Morera, que uno de los enfermos dejó escapar algunos lamentos y que le había cerrado la boca de un culatazo.
El cementerio no estaba lejos del pueblo. Se puede ver desde el hospital. El camión llegó en breves minutos. Todos bajaron y una vez en el cementerio y delante de los fusiles empezaron a gritar: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!
Tenemos otros testigos que los milicianos. Estos enseguida comentaron el acontecimiento en todo el pueblo. Con esto trajeron datos muy útiles para el proceso informativo en vista de la beatificación:
-Caían como moscas, pero todos gritaban Viva Cristo Rey y los que más fuerte gritaban eran los jóvenes-
¡Que tozudos! ¡Todos gritan lo mismo y ni uno solo ha querido decir lo que queríamos que dijeran!

Los cadáveres se quedaron allí, yaciendo en el suelo. Aún faltaba el último acto del drama.

Estos martires fueron canonizados por Juan Pablo II

(Del libro: Misioneros claretianos mártires por Pedro García)

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